miércoles, 14 de diciembre de 2011

PRÁCTICA 7: Extranjerismos y creaciones léxicas.


En esta nueva práctica vamos a ver que son los neologismos, como se forman y la importancia que estos tienen en el proceso cambiante de la lengua.

Durante mucho tiempo no existieron palabras como avión, automóvil, teléfono, fotografía, licuadora, bolígrafo, sándwich o fax, por la sencilla razón de que aún no se habían inventado los objetos que cada una de ellas designa. Al inventarse un nuevo objeto, maquinaria o instrumento, o al descubrirse una nueva realidad, o una vieja pero que no se conocía, surge la necesidad de darles un nombre, y entonces aparece un neologismo. Este puede ser palabra nueva, inventada a propósito; pero puede ser también una palabra preexistente, a la que se da una nueva acepción. Así mismo puede tratarse de una palabra de otro idioma, que a falta de una propia, comenzamos a usar hasta aclimatarla en el nuestro. Estos vocablos extranjeros que incorporamos a nuestra lengua se conocen como «extranjerismos» o «préstamos lingüísticos». A este tipo pertenecen palabras que adoptamos directamente, respetando su ortografía, o haciéndoles ciertas modificaciones para castellanizar su morfología, como es el caso de «sándwich», «whiski» (el DRAE registra también la forma «güisqui»), «kiosco» (se admite también «quiosco»), «chalé», etc… Pero pueden ser traducciones literales de términos extranjeros, como  «perro caliente», del inglés “hot dog”; «jardín de infancia», del alemán «kindergarten», o «baloncesto», del inglés “basketball”. Este tipo de extranjerismos se conocen como calcos lingüísticos.






Fernando Lázaro Carreter dice que la Real Academia de la Lengua Española tardó mucho tiempo en incorporar en su Diccionario voces nuevas que en el siglo XIX, particularmente a raíz de las convulsiones políticas resultantes de la Revolución francesa, emergieron para expresar “un cierto modo de vivir y convivir”. Por ejemplo, el culto y políglota Simón Bolívar empleó muchas palabras en sus documentos como patriota en 1812, vocablo que entró en el Diccionario hasta en 1817; terrorismo lo emplea en 1813 y aparece registrado hasta en 1869; liberticida lo emplea en 1826 y no llega a nuestro Diccionario hasta en 1931; el término diplomacia lo usa en 1825 y tardó siete años en ser registrado; en 1936 se incorporó la frase secretario de estado, sin embargo Bolívar la usó en 1818. El académico agrega que mucho antes que Bolívar, ya habían sido empleados los vocablos citados por escritores en España. Y concluye: “Incluso, anglicismos ahora muy de moda como congreso, rifle y complot tardaron bastante tiempo en ser registrados en el lexicón académico”.
En la actualidad la creación de neologismos es mucho más común y evidente que en otros tiempos. El avance de las ciencias, en especial el desarrollo de la tecnología, ha impuesto la necesidad de incorporar muchos términos nuevos. Sólo en el campo de la Informática podemos citar, a manera de muestra, las palabras ciberespacio y cibernauta, ambas registradas en el Diccionario de la lengua española, y chat, chatear y ciber (acortamiento del adjetivo cibernético), registrados en el Diccionario panhispánico de dudas.
El neologismo, sin embargo, no siempre que es creado está destinado a permanecer en el lenguaje, pasando muchos de ellos por períodos de inestabilidad, estabilidad, aceptación y posterior olvido. El acto de aceptar (oficialmente o no) aquellos neologismos que se elaboran en cada momento histórico, es lo que suma riqueza, variedad y complejidad a un lenguaje.
Todas las lenguas recurren a procedimientos diversos para formar ciertas palabras nuevas. Son los llamados recursos neológicos. La neología es término que nos viene del griego neos, nuevo y logos, palabra, discurso o razonamiento. El diccionario académico lo define como “vocablo, acepción o giro nuevo en una lengua”. La creación del término puede ser directa (kodak fue creado por el inventor americano Eastman, hacia 1889, a imitación del ruido del disparador del aparato) y por creación indirecta, a partir de las palabras ya existentes en la lengua.
En castellano tenemos varios procedimientos a la hora de crear estas nuevas palabras: la composición, la derivación, la parasíntesis, etc… Procedimientos de los que ya hablamos en clase y nos extenderemos en los ejemplos.

Ejemplo 1: EL LENGUAJE TURÍSTICO. El viaje de las palabras.
Uno de los ámbitos lingüísticos más afectados por los anglicismos es el relacionado con el turismo. Hemos estado buceando por internet buscando artículos y páginas web relacionados con el turismo y hemos analizado varios de ellos de una forma global:
El léxico turístico asimila una terminología amplia procedente de diversos campos (geografía, economía, historia del arte, etc.).
Las aportaciones léxicas son múltiples, aunque no tienen todas las mismas características. Las palabras de la historia del arte, por ejemplo, se utilizan en la descripción de monumentos, pero no se pueden considerar tecnicismos del turismo; es diferente el caso de términos de la economía como estacionalidad (es decir, actividad económica limitada a determinada época del año), empleados para definir particulares fenómenos del sector turístico.
Podemos distinguir tres niveles de especialización en el léxico relativo al turismo:
El núcleo léxico más específico comprende términos técnicos relativos a las organizaciones turísticas (agencias de viajes, tour operadores, etc.), a las estructuras (hoteles, restaurantes etc.), a los servicios (reservas, traslados, etc.) y a los aspectos profesionales (operadores, etc.). En este sector se utilizan muchos anglicismos, siglas, fórmulas etc., que permiten una rápida circulación de la información
Otro grupo de términos procede de diferentes sectores (economía, geografía, transporte, etc.), pero adquiere un significado específicamente turístico, entrando a formar parte de su léxico característico. Por ejemplo, aunque no toda la terminología relativa al transporte puede adscribirse al turismo, sí que puede hacerlo un vocablo como chárter (vuelo chárter); se trata de palabras que, aun usadas fuera de contextos de uso específicos, son reconocibles como pertenecientes al ámbito turístico.
Finalmente, hay palabras que pertenecen a la lengua turística solo a un nivel de contextos de uso o realizaciones textuales, fuera de los cuales pierden esta peculiaridad. Nos referimos a los términos de la historia del arte o a los que se utilizan en las descripciones de la naturaleza, muy comunes en los textos del sector, pero que no entran en un ámbito específicamente turístico.
Dentro del léxico turístico español se observan por ejemplo:
-Formación de derivados con sufijos particularmente productivos como por ejemplo  -al (vacacional), -dad (estacionalidad, confortabilidad), -ción (fidelizacion), -ero, aplicados también a palabras extranjeras (hotelero, chartero). Prefijos y sufijos pueden acumularse, sobre todo en el caso de los términos más técnicos, cosa muy frecuente en el ámbito económico: desestacionalización, reencaminamiento (inserción de pasajeros en otros vuelos disponibles en caso de overbooking).
-Redeterminación semántica de unidades pertenecientes al lenguaje común, como en el caso de paquete, empleado también en combinación con adjetivos (paquete turístico, paquete vacacional, paquete combinado); o procedentes de otros lenguajes especializados. Al tráfico, por ejemplo, se aplica a menudo el término congestión, préstamo de la medicina, que se transforma en tecnicismo sobre todo en el caso del transporte aéreo: congestión del tráfico aéreo. A menudo algunos términos son modificados por la adhesión de adjetivos caracterizadores: flujo turístico, grupo hotelero.
-Formación de siglas y acrónimos, referidos a entidades, organizaciones y ferias sectoriales: Turespaña, Expovacaciones, etc… En el sector del transporte se registra la afortunada sigla AVE, ya transformada en nombre común. La clasificación oficial de los hoteles comprende un preciso repertorio de siglas: H (Hotel), HR (Hotel Residencia), M (Motel), P (Parador), CV (Ciudad de Vacaciones) etc. En impresos, billetes, reservas y documentos análogos las siglas sustituyen ampliamente palabras comunes, nombres de ciudades, aeropuertos, etc. (por ejemplo, BCN = Barcelona), según esquemas aceptados a nivel internacional. Además, cualquier guía turística dispone de su propia leyenda de siglas y abreviaciones utilizadas en las descripciones de hoteles e itinerarios.
-Formación de compuestos o unidades léxicas no siempre estables: aparto-hotel, trenhotel, barco-resturante, terraza-mirador, desayuno buffet, cicloturismo, agroturismo, bono de hotel. Son muy frecuentes también las combinaciones "sustantivo + adjetivo" como en el caso de turismo rural, parques temáticos, tiempo compartido.
-Uso de anglicismos y extranjerismos.
Algunos de los anglicismos y extranjerismos más comunes en todos los textos sobre turismo serían:
Bungalow: la palabra, de origen hindi (como se explica con detalle en el DEE), ha entrado en la terminología internacional a través del inglés para indicar un tipo de construcción de un solo piso, destinada a ser alojamiento turístico.
Camping: el sustituto acampada se refiere en particular al campismo libre mientras que en presencia de servicios se prefiere el uso del anglicismo.
Charter: el DRAE presenta la forma acentuada chárter. Además de la acepción más corriente de "vuelo fletado ex profeso, al margen de los vuelos regulares" (DRAE) algunos diccionarios incluyen unas formas secundarias como la extensiva "viaje turístico concertado".
Check-in: palabra que pertenece al ámbito del transporte aéreo. En el DRAE no se encuentra, pero lo traducimos como mostrador de facturación; bastante común también la forma facturación de equipaje, que se encuentra como traducción oficial en los aeropuertos. Se trata de un anglicismo bastante conocido.
Duty free (shop): término que procede del lenguaje comercial. En los aeropuertos es frecuente la fórmula tienda libre de impuestos o  tienda libre de aranceles en combinación con el anglicismo.
Overbooking: este término se ha hecho tan común en el lenguaje cotidiano que  el DRAE lo define como: Venta de plazas, especialmente de hotel y de avión, en número superior al disponible.
Tour - operador: entre los anglicismos que aparecen en esta breve lista, es el que tiene un uso más incierto; con este préstamo conviven diferentes formas adaptadas, desde el calco operador turístico a los híbridos tour operador o turoperador (ambos no incluidos en el DRAE). Su significado sería: “agente o empresa que organiza viajes turísticos, y reserva hoteles y transportes, estableciendo contactos con empresas extranjeras”. 
Traveller´s Cheque: vocablo procedente del sector económico, comúnmente traducido al español como cheque de viaje o cheque de viajero.
No es tarea fácil delinear los límites del léxico específico del turismo, puesto que este lenguaje surge de la combinación de diferentes aportaciones léxicas. Sin embargo, existe un núcleo de términos característicos, relativos sobre todo a las estructuras, a los servicios y a la organización del turismo, que incluye también vocablos procedentes de  sectores diversos, pero que pueden reconocerse como "turísticos".
Los procedimientos para la creación léxica se parecen mucho a los de otros ámbitos especializados; los anglicismos son los más numerosos, ya sea en forma de préstamo o de calco. Se dan también muchos casos de palabras inglesas que conviven con sus correspondientes españoles: las primeras predominan en el ámbito especializado y las segundas en la comunicación turística dirigida al público. El campo de los neologismos, por otra parte, se distingue por una fuerte inestabilidad: muchas formas todavía no se han estabilizado y admiten varias ortografías.

Ejemplo 2: EL LENGUAJE INFORMÁTICO. ¿Son necesarios los anglicismos en informática?
Otro de los ámbitos lingüísticos más afectados por los neologismos es el de la informática. Como en el ejemplo 1, hemos estado investigando y analizando varios artículos, vídeos e incluso foros de internet:



Enlace: http://bit.ly/vRFF4a




Como  dice Martín Alonso en su Gramática del Español Contemporáneo, el idioma español ha sido, a través de las épocas una membrana permeable a través de la cual han pasado los vocablos de distinta densidad de otras lenguas. A lo cual Manuel Seco añade: si desterrásemos de nuestro léxico todo lo que hemos tomado de otras lenguas, tendríamos que hablar por señas.
Lázaro Carreter nos comenta que los avances tecnológicos y científicos se producen en los pocos países que van a la cabeza de la investigación. Y de ellos irradian a las otras naciones, que se ven forzadas a adoptar los tecnicismos con que se nombran las nuevas invenciones. Esta tarea, cumplida normalmente con prisas, se realiza sin criterio fijo, conforme a las siguientes posibilidades:
La adopción pura y simple del tecnicismo extranjero.
La adaptación apresurada del tecnicismo extranjero, con leves e imprescindibles retoques fónicos.
Los intentos serios de adaptación, sustituyendo el extranjerismo por una palabra o un giro del idioma propio.
Estas posibilidades, continúa Lázaro Carreter, de introducir tecnicismos extranjeros —en nuestro caso anglicismos— plantean problemas cuya decisión no es nada sencilla. Porque al poseer estos vocablos un carácter marcadamente internacional, no se sabe bien si conviene traducirlos o adaptarlos a la lengua propia, es decir al castellano, o por el contrario sería preferible respetar su forma original, lo cual facilitaría el entendimiento entre los científicos de diferentes lenguas. Carreter prosigue diciéndonos que hay que tener en cuenta las dos características fundamentales del lenguaje técnico y científico, que son, la monosemia del léxico y su difusión internacional, la solución de no traducir los vocablos o de adaptarlos levemente parece preferible. Pero cada país aspira a hacerse oír en el concierto científico internacional, y pretende que la terminología posea un aspecto propio, aunque haya sido forjada fuera.
En pocas palabras, Fernando Lázaro Carreter, no se pronuncia claramente en cómo hay que «tratar» a los anglicismos, —...parece preferible...—, dice, no traducirlos, pero esto parece más un consejo que una regla gramatical.

Como se puede ver, acompañando a cada innovación, hipótesis científica o invento, viene un problema de nomenclatura, denominación y traducción para la lengua que lo recibe. Y la informática, un invento americano, no va a ser una excepción. Sería absurdo españolizar estos vocablos, ya que sólo se entenderían en España y a lo sumo en los países de habla hispana. Y si, en un intento de facilitar las cosas al usuario de ordenadores que no domina el inglés, se traducen o se intentan traducir los citados vocablos, que se haga de una manera correcta, evitando en todo momento los falsos amigos. Esta denominación es el típico ejemplo de traducción simple —calco lingüístico— de una palabra inglesa false friends que no existía en nuestro idioma, para definir las traducciones erróneas.

Como ejemplo, hemos recogido lo dicho en un foro de discusión sobre informática en Internet. En éste,  se discutió sobre cómo denominar a WWW —World Wide Web— en español. Se acabó admitiendo que se llamara «telaraña mundial», eso sí, respetando las siglas inglesas, WWW, que son conocidas en toda la comunidad informática. Cuando parecía que se había llegado a un consenso, apareció una nueva denominación: «la multimalla mundial», cuyas siglas serían MMM.

Analicemos simplemente las repercusiones que tendría este fenómeno. Imaginemos que los españoles denominemos a la abreviatura inglesa MMM. Supongamos que los italianos hagan otro tanto, nombrándola, por ejemplo, YYY y que los francófonos no se queden atrás y la llamen XXX. Entonces tendríamos multitud de denominaciones para una misma cosa, es decir, multitud de significantes para un mismo significado. Si se consiguiera imponer tanto significante estaríamos ante una nueva Babel que muy probablemente terminaría como aquélla.
En el citado foro se mantuvo otro debate en torno al siguiente mensaje:

«Estoy planteando mi columna en PC Week para Junio. Tengo la idea de hablar de este foro y dar -nuestro- visto bueno a una serie de términos. Hay una cosa muy clara —en inglés, los términos nuevos toman forma, sentido, matices, etc. gracias al uso— aquí si hacemos traducciones y/o adaptaciones cada uno por su lado, nunca se consolidan y toman esta definiciones e interpretaciones aceptadas. Me gustaría hacer lo siguiente: preparar una lista de estos términos en inglés y la traducción "oficial". Hacer mi columna explicando el funcionamiento del foro, y citándolo como "fuente" de las definiciones. Quizás entre nosotros podamos generar esta lista de términos. Aquí mi lista inicial:
legacy systems=sistemas patrimoniales
enterprise systems=informatica empresarial
networked systems=sistemas reticulares
object oriented=mediante objetos
run a program=ejecutar o poner en marcha
tested=probado o comprobado
Un saludo Jons»

Este mensaje recibió bastantes contestaciones en las que se ponía de manifiesto que  “la comunidad informática” casi nunca está del todo de acuerdo con nada... 
Ahora bien, emplear la nomenclatura castellana en libros de informática es necesario y correcto. Lo que no lo es tanto es emplear terminología anglosajona, cuando existe la palabra adecuada en castellano y ahí es donde se cometen los mayores errores, en cualquier caso siempre existe el recurso de las comillas y los paréntesis para introducir el término inglés.
Por qué construir frases como: «establece las páginas de códigos que serán usadas en el switch de páginas de códigos» cuando se puede decir simplemente: —establece códigos que serán usados en el conmutador de códigos—. O esta otra: «haga click con el mouse», que en castellano normal sería: —pulse el botón izquierdo de su ratón—.

Algunos ejemplos más, son bien significativos: «el  fondo de una vista puede ser un color plano o bien un bitmap» — el fondo de una vista puede ser un color plano o bien una imagen—; «es sumamente importate que ahora se haga un Shut Down» —es sumamente importante que ahora se cierre el sistema—; «además los buffers que el sistema asigna» —además de los registros intermedios que el sistema asigna—; «lo manda a un spooler de impresión» —lo manda a la bobina de impresión»; „hace un backup de los ficheros a otro disco" —hace una copia de seguridad de los ficheros en otro disco—; «hace un merge del los EA del fichero de guarda con los del fichero de datos» —fusiona los atributos extendidos (EA) del fichero de guarda con los del fichero de datos—; «tiene que hacer un reset» —tiene que volver a encender el ordenador—.


En el párrafo anterior hemos visto varios ejemplos de anglicismos innecesarios encontrados en manuales y revistas de informática. Veamos ahora otros encontrados en Internet: «hola netsurfer de WWW» — hola visitante de WWW—; «envía un mail con tu dirección WWW completa y tu nick» -envía un mensaje con tu dirección WWW y tu apodo»; «vuelva a la Home Page» —vuelva a la página principal—; «para usar la PC aunque nunca haya usado una PC» —para usar el ordenador aunque nunca haya usado un ordenador—; «en el menú File seleccionar Open Location» —en el menú archivo seleccione ubicación—; «Download un programa o fichero de la WWW» —bajar o descargar un programa o fichero de la WWW—.

Invasión de neologismos en la redacción
Los neologismos, vocablos y nuevos giros penetran en las redacciones españolas básicamente a través de las secciones de internacional, ciencia, cultura, economía y también deportes. Son precisamente las secciones que recurren con más frecuencia a fuentes en lenguas extranjeras y son, por tanto, un vehículo más frecuente para la acuñación de los extranjerismos. Los despachos en su idioma original de las agencias AP, UPI, Reuter y el servicio del New York Times y otros en la lengua de Shakespeare, son un campo abonado para la influencia de los neologismos que provienen del mundo anglosajón.

Archivo de audio. Debate sobre los neologismos y anglicismos.




Los nuevos términos inyectados de la política, de la cultura y de la economía francesa (y con ellas gran parte de lo que se reproduce en el ámbito de la Comunidad Económica Europea) llegan de la agencia francesa AFP y de periódicos escritos en el idioma de Moliére como Le Monde, Le Figaro... Naturalmente las revistas internacionales en inglés y en francés, tanto de información general como especializadas, constituyen otra de las mayores fuentes de influencia.
La prevención del redactor ante la amenaza del neologismo se multiplica, por otra parte, cuando tiene que informar de materias científicas y de procesos y mecanismos tecnológicos, especialmente de los que se derivan de la informática. España, como es bien sabido, no ha sido precisamente pionera de este tipo de investigaciones e innovaciones. Sabemos que el primero que llega es el primero que pone nombres a las cosas, a las herramientas, mecanismos y procesos.

Por estas últimas razones puede decirse que el periodista se enfrenta con más frecuencia a neologismos de idiomas modernos que a los que llegan de los idiomas clásicos. Entre los términos "invasores" clásicos, los más frecuentes son, entre otros, déficit, superavit, placet, ultimatum, curriculum, memorandum, referendum, accesit, desideratum...


Suelen presentarse por lo menos dos dificultades a la hora de encararse con estas voces. La primera indica radica en la morfología que se va a adoptar a la hora de escribirlas, si hay que conservan su forma latina o si, por el contrario, se castellaniza su grafía.

¿Evitar los neologismos?
Una regla de oro de todos los estilistas es evitar los neologismos siempre que sea posible. Pero esta tarea no es sencilla, ni se puede aplicar en todas las ocasiones. Cuando la Academia y otras instituciones no están presentes en el registro del lenguaje son los propios medios de comunicación quienes deben elegir una homologación morfológica y lo hacen de acuerdo con distintos argumentos.

El Libro de estilo de EL PAIS aplica en su léxico el principio general de que debe evitarse el uso del neologismo si existe una palabra castellana para designar su contenido. En caso de que, aun así, se pretenda utilizar el extranjerismo, éste debe castellanizarse. Esto es una norma general.
Podríamos recorrer el diccionario de la "a" a la "z" o el léxico de agencias y periódicos y encontrarnos con una larga relación de vocablos y expresiones tomadas de idiomas extranjeros que se han adoptado en castellano. Es inevitable acudir, por tanto, para salir de dudas, no sólo a los diccionarios y normas emanadas de la Academia, sino también  a los libros de estilo y a los departamentos de edición y responsables de estilo.
En algunas ocasiones ni siquiera tienen resuelto el problema los departamentos de estilo y hay que acudir a la discusión colectiva dentro de las propias redacciones.
A modo de epílogo podemos añadir que los problemas que tiene el periodista español ante el neologismo se agravan debido a que al proceso autonómico, con todas las connotaciones políticas, sociales y culturales que conlleva, ha transformado también en los últimos cinco años los usos lingüísticos. El gallego, el catalán y el euskera son vecindades del castellano que requieren, para ser asumidas por éste de forma congruente, una homologación previa de sus voces y su nomenclatura, una norma estándar que haga posible el entendimiento continuo y homogéneo de todo aquello que provenga, por la vía de la lengua, de las comunidades autónomas, que tienen un idioma diferente. Ardua tarea es ésta, probablemente la más difícil de ejecutar en los departamentos de estilo, puesto que debe ir acompañado también de tablas de escritura de topónimos e incluso de gentilicios y, por supuesto, de nombres propios y apellidos que han cambiado de grafía en los últimos años.

Los departamentos y los responsables de estilo son conscientes de que todo está sujeto a cambios. Por eso han planteado su trabajo como un quehacer progresivo y abierto a todo lo que racionalmente se pueda incorporar.

Material de apoyo a la práctica.










Para los cinéfilos os recomendamos ver una peli de Stanley Kubrick, La naranja mecánica ("Clockwork Orange"). Un claro ejemplo de neologismos en el cine y una obra de arte.





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  • Alvar Ezquerra, M. (1993), La formación de palabras en español, Madrid, Arco Libros.
  • Alvar, M. y Pottier, B. (1983), Morfología histórica del español, Madrid, Gredos.
  • COLLiNS, Diccionario español-inglés. English-spanish. Ed. Grijalbo, 1978.
  • COSERIU, E., El hombre y su lenguaje. Ed. Gredos, Madrid, 1977.
  • FAGES, P.: Diccionario de los medios de comunicación. Fernando Torres-Editor, 1975.
  • ROMERO GUALDA, M. V., Hacia una tipología del neologismo literario. Anales de la Universidad de Murcia, Murcia, 1978.

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